Europa crea su propio sistema de pago para dejar de depender de Visa y Mastercard

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EPI, el proyecto europeo que arranca en 2026, quiere que 130 millones de personas paguen sin pasar por tarjetas americanas. Esto es lo que cambia para ti.

¿Qué es?

Cada vez que pagas con tarjeta, tu dinero pasa por manos americanas antes de llegar a su destino. Visa, Mastercard y PayPal controlan la mayor parte de los pagos digitales en Europa, y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de una comisión pequeña.

Para cambiar eso existe la European Payments Initiative (EPI), un proyecto impulsado por los grandes bancos europeos con un objetivo claro: crear un sistema de pago propio que no dependa de infraestructura estadounidense. Su producto más visible se llama Wero, y ya funciona en Francia, Alemania y Bélgica.

Por ahora, Wero es un Bizum que cruza fronteras: envías dinero a alguien en otro país sin pasar por intermediarios americanos. Sencillo de explicar, difícil de escalar, pero en marcha.

¿Por qué está sonando?

El momento no es casualidad. Las tensiones entre Europa y Estados Unidos en materia comercial y tecnológica llevan meses subiendo, y la pregunta sobre quién controla la infraestructura digital europea está en el centro del debate político y económico.

Los pagos son una pieza enorme de ese puzzle. Cada transacción con tarjeta genera datos: qué compras, cuándo, dónde, cuánto gastas. Hoy, esos datos los gestiona en gran parte infraestructura privada americana. Para muchos gobiernos y reguladores europeos, eso es un problema estratégico, no solo una cuestión de competencia empresarial.

A esto se suma que EPI tiene fecha concreta: expansión en 2026 y objetivo de 130 millones de usuarios. No es otro paper europeo que nunca llega a materializarse. Eso le da urgencia al debate.

¿Por qué debería importarte?

Porque el sistema de pagos actual tiene costes que alguien paga. Y ese alguien, muchas veces, eres tú.

Los comercios pagan comisiones a Visa y Mastercard por cada cobro con tarjeta. En tarjetas de crédito con ventajas para el consumidor —puntos, millas, cashback— esas comisiones pueden ser especialmente elevadas para el negocio. Y cuando un comercio paga más por aceptar tu tarjeta, tarde o temprano ese coste se refleja en los precios o en las condiciones que te ofrece.

Hay también una cuestión de privacidad que mucha gente pasa por alto:

  • Cada pago con tarjeta genera un rastro de datos que gestiona la red de pago y el banco emisor.
  • Esos datos incluyen qué compras, en qué tipo de comercio, a qué hora y con qué frecuencia.
  • Un sistema europeo implicaría que esa información queda bajo regulación europea, con el RGPD aplicado de forma directa.
  • No es lo mismo que tus datos los gestione una empresa sujeta a la legislación de la UE que una sujeta a la legislación estadounidense, que permite el acceso gubernamental a datos financieros en determinadas circunstancias.

Y luego está la dependencia estratégica. Si un día EE.UU. decidiera presionar a Europa a través del sistema financiero, cortar o dificultar el acceso a Visa y Mastercard sería una palanca de presión real. Europa lo sabe, y por eso EPI tiene respaldo político que va mucho más allá de los bancos que lo impulsan.

Lo que necesitas saber

España no está en el núcleo de EPI, al menos por ahora. El proyecto arrancó con bancos de Francia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos como columna vertebral. Algunos bancos españoles siguen el proyecto de cerca, pero España no figura entre los mercados de lanzamiento prioritarios de Wero.

Eso no significa que no vaya a afectarnos. Si EPI escala en los países donde ya opera, la presión para que los bancos españoles se sumen aumentará, tanto por interés propio como por impulso regulatorio europeo.

Estado actual del proyecto:

  • Wero ya existe y funciona en Francia, Alemania y Bélgica para pagos entre particulares, igual que Bizum en España.
  • El objetivo para 2026 es expandirse a más países europeos y alcanzar 130 millones de usuarios potenciales.
  • El siguiente paso clave es pasar de pagos entre personas a pagos en comercios, donde está el grueso del negocio y el verdadero reto frente a Visa y Mastercard.
  • Detrás de EPI hay entidades como BNP Paribas, Deutsche Bank e ING, entre otros grandes grupos financieros europeos.
  • La Comisión Europea apoya el proyecto como parte de su agenda de soberanía digital, lo que le da músculo político además de financiero.

El mayor obstáculo no es tecnológico, es de comportamiento. Convencer a la gente de cambiar cómo paga es notoriamente difícil. Visa y Mastercard funcionan bien: son rápidas, están en todas partes y los usuarios no sienten los costes que generan porque los absorben los comercios —o los repercuten de forma invisible—.

Para que EPI triunfe necesita ofrecer algo que el usuario note: más comodidad, mejor experiencia, ventajas concretas. O necesita que los reguladores creen condiciones que incentiven el cambio, algo nada descartado en el contexto europeo actual.

Bizum, que hoy parece imprescindible en España, tardó años en despegar tras su lanzamiento en 2016. Los cambios en los hábitos de pago son lentos hasta que, de repente, dejan de serlo.

Si EPI consigue lo que se propone, estaríamos ante el mayor cambio en la infraestructura de pagos europea desde la llegada del euro. No pasará de un día para otro, pero el proceso ya ha empezado. Mejor tenerlo en el radar ahora que descubrirlo cuando ya esté cambiando cómo pagas cada día.

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